Poemas y relatos del, por, para … el tejo

escritos, relatos, refranes, cuentos, poemas …

Babas de ángel

Nuestro amigo Ángel Pascual Prieto, nos envía un poema que encontró por ese vasto lugar que es la red.

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El gran árbol de la humanidad

Se ha presentado en la Librería Cervantes de Oviedo un precioso libro cuyo autor es Ignacio Abella. El acto resultó entrañable, con algunas anotaciones del autor que nos van a permitir acercarnos con mas interés e intriga a este texto con un formato tan cómodo.

En el último libro de  Ignacio Abella solo hay un relato que tiene como protagonista al tejo ya que en realidad estamos ante un libro de leyendas sobre los árboles; aquí dejamos la reseña a través de la mirada de Ángel Pascual. Gracias Ángel.

EL GRAN ÁRBOL DE LA HUMANIDAD.
Leyendas y arte primitivo sobre los árboles en la creación del mundo.

Ignacio Abella retorna a la mítica editorial integral, no casualmente dentro de una colección dedicada a la salud más natural, con un libro en formato y precio muy asequibles, bellamente impreso en un austero rojo y negro, de cuidada edición y generosa letra, en papel certificado.
Un breve y lúcido prólogo, a cargo de Francis Halle, enmarca con certeza el alcance y repercusión de la obra.
En el tercio inicial del libro propiamente dicho, el autor diserta sobre los contenidos y sus diversas inter-relaciones, breve pero intenso ensayo. Los dos tercios restantes del libro son dedicados a imágenes y textos emparejados. Las imágenes principalmente monocromas, son calcos o reproducciones de pinturas y grabados prehistóricos. Los textos, de variada procedencia geográfica, versan sobre leyendas tradicionales de la creación del mundo y del ser humano, recopilados y apuntados por el autor de forma didáctica y amena.
La relación que se establece entre textos y dibujos, más bien ilustrativa en la introducción, se torna en el resto abierta y sugerente, en todos los sentidos, amplificando la intensidad poética que invade todo el conjunto, diverso pero coherente. Finalmente se citan las fuentes y se dispensan los imprescindibles agradecimientos. Recalcar la intensa colaboración del autor con investigadores de las más diversas disciplinas, académicas y extra-académicas.

En este caso concreto y personalmente he de confesar que es un libro muy de mi agrado, apenas lo he ojeado me ha invadido una grata sensación de… misterio. Es este un libro más austero que en cierto sentido resultaría más maduro y digerible, quizá menos apetitoso de lo que el autor nos tiene acostumbrados, pero decididamente muy nutritivo.
Un libro que no trata ya de seducirnos con esplendidas fotografías ferozmente bellas, que con frecuencia terminan compitiendo o posponiendo indefinidamente el diálogo con el original.
Asequible, comedido en extensión y recursos y no por ello menos pleno, rico y conmovedor.
En él las raíces del presente indagan en la consciencia del origen de la Tierra Común y sugieren la urgencia de un cambio de actitud, desde el dominar-explotar-y-poseer hacia un cuidar- nutrir-y-proteger más integradores.
Un libro, en definitiva, desde el que tomar impulso para crear un mundo de aromas y frutos más benignos para el Gran Árbol de todos los seres.

La poesía de los árboles: comentario por Ángel Pascual Prieto

Os dejo aquí el comentario que ha realizado Ángel Pascual de esta preciosa recopilación de poemas realizada por Ignacio Abella con ilustraciones de Leticia Ruifernández.

La poesía de los árboles. Antología universal de poemas de los árboles y el bosque. Selección de Ignacio Abella e ilustraciones de Leticia Ruifernández. Editorial de Urueña S.L., Castilla tradicional, con la colaboración de la Fundación Comillas. 1a edición: Octubre de 2011.

Los bosques de la poesía: árboles de la palabra, la luz y el color.

El vertiginoso camino de la abstracción creciente, en que se haya sumergido el ser humano, pasa por el signo que representa y atraviesa por el símbolo que sustituye. Es un camino de muerte que lleva del ser a la nada. Un camino que ha de detenerse por fuerza en la rígida cristalización conceptual. En la dureza de la sal y el brillo seductor del diamante. pero también en la frialdad esperanzada del agua helada. Ellos son la última frontera del invierno de la vida.

Este es un viaje para el ser humano desde lo indiferenciado hacia el aislamiento de la identidad individualista del yo. Desde el aislamiento de este yo a la multiplicidad del ser, y del descubrimiento provisional de los otros no-yo, que son luego percibidos como otros yo. Y desde esta multiplicidad confusa y plural hacia la Unidad. Es un viaje de vida y de muerte.

Así también el camino que va del árbol al libro es en cierto sentido un camino de muerte y sólo el camino que regresa del libro al árbol, es un camino de vida. El hombre regresa al árbol cuando se busca y busca activamente al otro, y lo acompaña en su camino y descubre que es también el suyo. El hombre es el árbol pero el árbol no es el hombre. Sin embargo maravillosamente el encuentro se produce. Hombre y árbol, árbol y hombre participan del soplo de la vida, son expresiones del aliento común del Todo que los anima. Así el libro y el árbol, el árbol y el libro devienen a la vez en encuentro, cruz y encrucijada de caminos, como lo son en el hombre mismo.

En La poesía de los árboles, poesía y pintura, texto e imagen, establecen un diálogo de concordancias siempre enriquecedor, aunque a veces ligeramente divergente. La mirada se encuentra primero en la imagen y con su complicidad esta va generando un espacio sentimental acogedor y tierno, que arropa la percepción atenta del sentir y del pensar más intuitivo. Después se desliza suavemente sobre el texto y es movida a la reflexión meditativa y animada a la introspección sentimental, hasta fecundar y fructificar en una nueva re-lectura de la imagen primera.

La selección de textos de Ignacio Abella propone un viaje en el que bosque y árbol transmigran por el río de la lengua en una cascada de impresiones, sensaciones y significados que se derrama por entre un lecho compuesto de diversas almas y cuerpos. Sólo al final todos estos personajes se nos revelan como un sólo verso. Árbol y bosque son: memoria, premonición, vida, sensualidad, causa, efecto, centro, espejo, continuidad, inmortalidad, indiferencia, impasibilidad, contención, paz, soledad, compañía, descanso, lentitud, sabiduría, comprensión, amistad, libertad, encuentro, testimonio, belleza, verdad, renovación, esperanza, resistencia, olvido, ausencia, encuentro, ascensión, fantasía, ensueño, magia, poder, origen, paraíso, felicidad, ancianidad, juventud, presencia, reflexión, transitoriedad, entereza, dignidad, enajenación, canción, unidad…

La pintura de Leticia Ruifernández se revela simultánea y sucesivamente: translúcida, musical, sorda, caligráfica, delicada, intimista, contenida, complaciente, bella, simple, ambigua, leve… Es una pintura poblada de ausencias delicadas y presencias sublimes, inquietantes y sugerentes. Una sentida polifonía de colores o de escogidos acordes monó-cromos, a veces nebulosa, imprecisa y cándidamente infantil, pero siempre cordial, conmovedora, inmediata y franca. Leer el resto de esta entrada »

Llegan los Reyes Magos …

Los Reyes Magos han traído a este blog de poemas el resultado de la adivinanza que dejamos la semana pasada:

La solución del enigma

para el final te la dejo,

a ver si aumenta la estima

que tuvieras por el TEJO;

y , como lo que hay encima

de tu casa en la cubierta,

me dicen por femenina

                                                                                                el recio nombre de TEJA.

Dar las gracias al autor por permitirnos compartir este poema-adivinanza.

Adivinanza

Para finalizar el año, nuestro amigo Pepe, nos envía un poema-adivinanza. La solución la traerán los Reyes Magos. Un saludo para todos los que visitan este blog y los mejores deseos para el año que comienza dentro de muy poco.

A)A veces soy centenario,

cuando me dejan crecer

y por tiempos milenarios

he vivido por doquier;

fui de los celtas reclamo,

donde cada atardecer

a mi sombra se juntaron

para trabajo y placer;

desde los pueblos arcanos

transmitieron su querer

al noble pueblo asturiano

al gallego y al leonés…

B) Lo mismo que yo me llamo,

usan para proteger

de las casas los techados

por si pudiera llover:

entonces son colorados

mis adornos de mujer;

 en cambio, cuando soy macho,

no me verás florecer…

LAMENTO

 

¿Conocéis la blanca tumba

donde flota con sonido lastimero

la sombra de un tejo?

Sobre el tejo, una pálida paloma,

triste y sola, en el crepúsculo,

canta su canto.

Un aire enfermizo y tierno,

encantador y fatal al mismo tiempo,

que os hace daño,

y que por siempre quisierais oír,

un aire como los que a los cielos lanza

el ángel enamorado.

Diríase que el alma despierta

bajo tierra llora al unísono

de la canción,

y de dolor por verse olvidada

muy dulcemente con un arrullo

se queja.

En las alas de la música

se siente volver lentamente

un recuerdo;

una sombra de angelical forma

pasa en un rayo trémulo,

cual blanca vela.

Los dondiegos, semicerrados,

sueltan su perfume dulce y débil

a vuestro alrededor,

y el fantasma de blandas posturas

murmura y a la vez os tiende los brazos:

¿volverás?

¿Oh, nunca más hasta la tumba

iré, cuando la noche hace caer

su negro manto,

a escuchar a la pálida paloma

cantar sobre la rama del tejo

su lastimero canto!

 

Poema de  THÉOPHILE GAUTIER (Traducción: Mauro Armiño) que nos envió José García Velázquez, al que agradecemos la aportación.

 

Amanecer con tejo

Este es un poema de Jordi Doce de su poemario, Diálogo en la sombra (1997), que nos envió Ángel Pascual.

Fantasía bajo el tejo

Este es un poema, que envió nuestro amigo Ángel Pascual y que Pepe hizo para este blog. Desde aquí gracias a los dos, uno por avisar y el otro por escribirlo.

El tejo que se hizo viejo

Hace tiempo que este blog no tenía entradas, pero esta semana estamos de suerte. Ayer un poema y hoy otro; en este caso está en un blog,

En el Pazo de Libunca,
un año que queda lejos,
emprendimos singladura
con los amigos gallegos.

Por símbolo de amistad,
en el jardín hubo un tejo
donde pudimos clavar
una placa con esfuerzo.

Con el paso de los años,
el árbol se quedó seco
y tuvieron que arrancarlo
tan pronto como pudieron.

La placa sí que perdura
y enmarcada la pondremos
donde recuerde segura
a aquellos que ya se fueron:

como los árboles mueren,
como murió nuestro tejo,
también lo caduco puede
con los años ir muriendo.

Así algunos de nosotros
disfrutan ya el gozo eterno
desde donde miran todo
lo que seguimos haciendo.

En otros la enfermedad
irá dañando su cuerpo,
pero no podrá dañar
el amor que le tenemos.

Solo puede perdurar
lo que ha nacido en el tiempo
mientras dure la amistad
y el amor no se haga viejo.

Ferrol, 3 de agosto de 2008

poema de J. Delaviñ